La ética en el marketing no va de ser una empresa que apuesta por el medioambiente ( sólamente)

La obsesión por las empresas de generar más ventas y mayor facturación de forma continua es inversamente proporcional a la capacidad de éstas en generar un marketing enfocado en su relación con el cliente desde una perspectiva ética. Pero es inversamente proporcional no porque la ética en el marketing no genere mayor valor a la empresa y por ende mayor facturación, sino porque las empresas no suelen entender qué es trabajar el marketing desde una perspectiva ética. Hay dos motivos que explican esta situación: una de ellas es sin duda la incapacidad de definir marketing ético y otra la confusión generada con lo que creemos que es el marketing ético. Desde las teorías y desarrollo de estrategias de Stakeholders hasta el uso de términos como el  marketing  de la felicidad, se quedan en ideas más o menos desarrolladas pero que realmente no llegan para nada al sentido ético y aplicado que debe tener. Hoy en día, apoyarse en la generación de  modelos más o menos sostenibles con el medio ambiente es una linea tan llena de oportunidades como errónea en la estrategia de pensar que eso es ser una empresa ética. El medio ambiente es un mundo como digo lleno de posibilidades, al igual que existen otros como la economía plateada, pero no se acerca ni mucho menos a lo más íntimo de la ética aplicada que se debe desarrollar en las empresas. Ser una empresa ética con la sociedad y con sus clientes va más allá que todo lo anterior. Los principios filosóficos de la relación entre nuestros clientes deben ser objeto de estudio y de apoyo en las estrategias desarrolladas por parte de los departamentos de marketing de las empresas. La responsabilidad social corporativa nada tiene que ver con la responsabilidad moral.

El cambio sustancial que en los años 60 se introdujo en el mundo del marketing y empezar a tener en cuenta la relación con nuestros clientes y focalizar el trabajo en los clientes y no en la producción no es de ahora, es de hace más de 60 años. El concepto de individualizar al cliente, de generar un marketing basado en la necesidad de nuestros clientes es del siglo pasado, autores como Kotler le dieron mucha importancia a esta idea y llegaron a redefinir el marketing como tal. Esa relación se mantenía hasta hace unos años entre humanos y en una gran mayoría de las relaciones comerciales entre los vendedores y los compradores existía un «pacto entre caballeros» que no dejaba pasar ciertos límites en el marketing, aunque también debemos considerar que es precisamente los departamentos de marketing los que han ido forjando una idea común en el el marketing es sinónimo de manipulación y somos partícipes como sociedad y profesionales en la materia de un cierto orgullo al dominar términos como el neuromarketing y utilizarlo con un solo fin, vender más. No encuentro ejemplos que me permitan exponer lo contrario, donde el neuromarketing sea una herramienta que busque una relación exquisita y ética con los consumidores.

Es ahora, frente a un cliente digital donde la capacidad de acción y de recursos «marketenianos» sobrepasan los límites de la ética humana continuamente, y es una situación tan acelerada que es imposible de parar y más si va acompañada de un sistema donde los negocios que realmente crecen son los que adquieren y generan consumidores de forma exponencial. Hasta cuando el sistema permitirá absorber este impacto continuo no lo sé, pero sí tengo clara una idea, una empresa no es ética por ser sostenible, si es sostenible es una empresa que cuida el medio ambiente. Los aspectos éticos van más allá y depende de cada uno de los modelos de negocios de los que estemos hablando, pero tiene y mucho que ver con la relación y conocimiento de nuestros clientes ( más allá de la información que tengamos de ellos a través de sus datos que hemos ido almacenando o comprando)

Los puntos claves para que estemos trabajando un marketing ético deben estar basados en la honestidad continua con nuestros clientes, en la apertura de la información de los productos que les vendemos, en la participación de los clientes en el desarrollo de las verdaderas necesidades y sobretodo en la generación y potenciación de una relación humana entre empresa y consumidores, sean o no sean digitales.

 

 

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