Adopta y adapta la IA de forma convergente en la empresa.

En los premios Oscar del año 2022, una película estuvo a punto de conseguir ganar la estatuilla a mejor montaje y mejor actor principal; en este último caso, Andrew Garfield sí había ganado el Globo de Oro semanas antes. La película «Tick, Tick… Boom!», basada en el musical autobiográfico de Jonathan Larson, es una verdadera disrupción que sorprende desde el minuto uno, pero que no se sabe muy bien por qué a veces no encaja en la sociedad, y menos aún en la industria cinematográfica. Y ahí quedó, en el olvido.
Hace unos días leía un artículo, quiero recordar que en Financial Times, que abordaba por qué la inteligencia artificial no estaba siendo el boom que se esperaba en las grandes corporaciones. La realidad, al igual que con la película, es que las grandes empresas no son capaces de asimilar los cambios profundos que puede generar la IA generativa. Sin embargo, en la sociedad sí se está introduciendo de forma exponencial. Esta situación convierte a la IA generativa en una verdadera disrupción convergente.
Allá por el año 2010 tuve el honor de compartir una charla más que interesante con Patrick Dixon, y me dijo algo que nunca olvidaré: «La innovación debe ser disruptora pero, sobre todo, convergente y no divergente, por muy buena que esa innovación en un principio pueda parecer». El éxito de la IA generativa no está en la implantación desde las empresas hacia la sociedad, sino al revés: desde la sociedad hacia las empresas. Somos nosotros mismos quienes la estamos llevando a las empresas, en nuestro día a día y con múltiples utilidades. Nos enfrentamos a los retos del mercado o de nuestras organizaciones con una herramienta realmente impresionante y en aprendizaje continuo. Por tanto, las empresas no deben estar preocupadas por implementar la IA generativa en sus procesos; son los propios trabajadores quienes ya lo están haciendo de forma paulatina y orgánica.
Aquí es donde debemos empezar a conceptualizar dos aspectos clave para las organizaciones. El primero es que no todo es IA, ni es necesario venderlo como tal. Mucha de la publicidad actual caracteriza su producto con «inteligencia artificial», pero esta tendencia tiene un recorrido muy corto. Es como si hace diez años vendiéramos nuestros productos diciendo que tenían «internet integrado». Es una característica que ya se da por hecha, igual que ocurrirá con la IA.
El segundo aspecto es la capacidad que debe tener la empresa para adoptar y adaptar la inteligencia artificial general (IAG). Esta forma de IA, aún apenas desarrollada, será la verdadera disrupción convergente en el mundo de la empresa, al igual que la generativa lo está siendo en la sociedad. La inteligencia artificial general (IAG) es una forma de IA capaz de realizar cualquier tarea intelectual que puede hacer una persona. A diferencia de la IA actual, que está especializada en funciones concretas, la IAG tendrá una comprensión amplia, flexible y adaptable. Será capaz de razonar, aprender y tomar decisiones en distintos contextos.
Este tipo de inteligencia estará completamente implementada en unos diez años. Aunque parezca un horizonte lejano, es ahora cuando debemos empezar a crear nuestras estrategias empresariales teniendo en cuenta este factor, para convertirlo de incontrolable a controlable. El cómo hacerlo dependerá de las características de cada empresa, pero hay un factor común que considero clave: permitir la utilización libre y abierta de la propia inteligencia artificial generativa. Herramientas como ChatGPT, Perplexity, Gemini, Copilot o cualquiera de las que usamos a diario deben fluir en los entornos empresariales, no solo en las grandes corporaciones, sino también en las pymes. Trabajar con estas herramientas hoy nos permitirá adoptar las inteligencias venideras, del mismo modo que empezamos con Windows 3.1 y hoy no podemos trabajar sin el 11.
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