La deconstrucción del Black Friday

Filadelfia, mediados del siglo XX, los equipos de las academias militares de Annapolis y West Point, juegan un partido de fútbol américano que resulta ser  uno de los eventos deportivos más mediáticos del país, esto provoca un caos terrible en la ciudad de tráfico y personas, que se llega  apodar como Black Friday y que el New York Times en 1975 lo hace popular. Los eventos deportivos de esta índole eran muy comunes y populares en la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos y en gran parte era debido a la situación económica y social del país. Hay un maravilloso libro titulado «Remando como un sólo hombre», del que hablaremos en otra ocasión, que expone de forma magistral la vida americana de aquellos años, la lucha por la supervivencia en ciertos estados del país y la búsqueda de alternativas en el mundo del deporte universitario. El Black Friday se celebra siempre el día después del Día de Acción de Gracias, que es el último jueves del mes de Noviembre, el partido se celebraba el sábado y el caos provocado el viernes en la ciudad era aprovechado por los comerciantes para llenar la ciudad de descuentos y ofertas. Luego con el paso del tiempo el Black Friday se relacionó con la idea de que ese día los comercios pasan de tener números rojos a negros.

Es un día, un día muy especial para los americanos, y que se puede considerar el momento en el que se empiezan a comprar todas las compras y regalos de Navidad. Pero Amazon entre otros ha conseguido que el Black Friday sea universalmente conocido y su plataforma consigue vender más que cualquier otro día del año. En la formación «One Boarding Day» de Amazon nos contaron que el año 2015 se hicieron 350 pedidos por segundo. Amazon lo ha generalizado pero también lo ha desvirtuado en gran medida cuando lo ha ido adaptando a según que país, y quizás aún desvirtuado mantiene la esencia real del día, el caos total en las ventas, descuentos y ganas por comprar, el consumidor no tiene ningún tipo de barrera porque el descuento es la justificación perfecta para comprar y que todo el mundo lo esté haciendo al mismo tiempo genera una sensación de no estar haciendo nada malo que le  desinhibe por completo. Sucede que esta sensación en el mundo online es mucho más alta porque nadie te ve y además no tienes que desplazarte a ningún lugar. Pero eso, claro, provoca una sensación de que realmente no has hecho compra porque nadie sabe de ello y sales a la calle a comprar y llenar tus manos de bolsas. Ese día es clave si se sabe manejar por parte del comercio minorista y es clave porque la misión, el objetivo y el origen del Black Friday tiene toda su esencia en el comercio minorista.

Pero de repente aparecen grandes marcas de coches, cadenas de supermercados, bancos, seguros y otros cientos tipo de negocios  que quieren participar del juego y como tienen un departamento de marketing «impresionante» que en muchas ocasiones deben justificar su trabajo, buscan fórmulas para sí o sí, utilizar el Black Friday como sea e incluso algunas marcas se atreven a utilizar conceptos como «black week» o términos que desvirtúan por completo el sentido del Black Friday. Si esto sucede en España como supongo sucede en otros países y si esta situación ocurre cuando el Black Friday lleva asentado sólo unos años con nosotros, cuando lleve otros tantos años, el concepto estará tan desvirtuado que no tendrá sentido alguno y el consumidor no lo esperará como el gran día de compras, sino como un día más con descuentos. Y será así porque alrededor del mismo en los países que se utilice el concepto pero no sean Estados Unidos, ese día no viene acompañado ni de Acción de Gracias ni nada por el estilo.

En estos momentos por tanto la subida al carro del Black de grandes empresas hacen peligrar el sentido del día y si además lo convierten en «semana» lo destrozan. El Black Friday se convertirá en una deconstucción de la tortilla, que sintiéndolo mucho básicamente el objetivo puede que sea demostrar que sabe igual pero el placer de comer una tortilla tradicional no existe ni de cerca al comer una deconstrucción de tortilla, de igual modo el placer de comprar en el Black Friday en el pequeño comercio no es ni de broma similar al hacerlo en una aseguradora o concesionario de coches.